Euroshima en el Barna Dark Fest de Barcelona
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Tras una conversación intensa y reveladora con Euroshima en el espacio de Con M en la que hablamos con la banda en un momento clave de su trayectoria, entre la memoria de Gala y su etapa más reciente con Desolación (2024), donde su sonido sigue evolucionando dentro del universo darkwave.
Conversamos sobre su paso por España dentro de su gira, tras conciertos en ciudades como Madrid y Barcelona, y sobre cómo perciben la escena dark/post-punk y al público en comparación con otros lugares donde han tocado.
También nos cuentan cómo afrontan el directo: desde la construcción del setlist hasta la idea de si existe una narrativa emocional en sus conciertos, así como lo que sienten en las horas previas a subir al escenario después de tantos años de carrera.
Por último, profundizamos en su identidad sonora, el carácter atmosférico y casi cinematográfico de su música, y en cómo conviven en su repertorio temas de distintas etapas como Gala o Desolación, donde se cruzan la oscuridad, la introspección y una búsqueda espiritual constante.
Euroshima en el Barna Dark Fest: crónica de una noche oscura junto a Malefixio

El Barna Dark Fest junto a Endemoniada Productions, con su estética sombría y su público entregado a las sonoridades más oscuras del espectro post-punk y dark wave, se convirtió en el escenario perfecto para comprobar si aquella memoria discográfica seguía latiendo con la misma fuerza.

La respuesta llegó desde el primer instante.
Malefixio abrió la noche en el Barna Dark Fest con una propuesta intensa, oscura y directa, marcando desde el inicio el tono del festival. Su actuación funcionó como una descarga de energía que fue creciendo tema a tema, con un sonido contundente y una presencia escénica que conectó rápidamente con el público.
La banda desplegó un directo sólido, sin artificios, apoyado en una atmósfera cruda que encajó perfectamente con el espíritu del evento. Su paso por el escenario sirvió como una apertura ideal para una noche en la que el dark y el post-punk fueron protagonistas, preparando el terreno para lo que vendría después con Euroshima.

Euroshima apareció sobre el escenario con una presencia contenida, casi ritual, como si cada gesto estuviera medido para invocar algo más que un simple concierto. El repertorio se articuló como un diálogo constante entre dos tiempos: la herencia intacta de su álbum de culto Gala (1987) y la madurez sombría de su regreso con Desolación (2024). Dos épocas separadas por décadas, pero unidas por la misma densidad emocional.
El viaje comenzó con Mejor callarlo (Gala, 1987), una apertura seca, directa, casi incómoda en su precisión. Desde ahí, la tensión ya estaba instalada en la sala.
Le siguió Esfumados sueños (Gala, 1987), que expandió esa atmósfera de melancolía suspendida, con un público que empezaba a reconocerse en cada frase como si fueran fragmentos de algo propio.
Con Matando Sueños (Gala, 1987), la banda golpeó con más contundencia, marcando el pulso inicial de la noche: frío, mecánico, hipnótico.
El primer giro hacia el presente llegó con No sé (Desolación, 2024), donde el sonido se volvió más denso, más introspectivo, sin perder la esencia que define su identidad.
En el norte (Desolación, 2024) profundizó en esa nueva etapa, con guitarras más afiladas y una sensación de deriva contemporánea que encajaba perfectamente con la estética del festival.
El retorno a Gala llegó con Cómo los otros (Gala, 1987), recibido como un eco inmediato por una parte del público que parecía haber estado esperando exactamente ese momento desde el inicio.
La transición hacia lo emocionalmente más expansivo se produjo con Sonrisas Esfumadas (Gala, 1987), uno de los puntos más coreados de la noche, donde la nostalgia dejó de ser recuerdo para convertirse en presente absoluto.
Con Él me mira (Gala, 1987), el concierto alcanzó uno de sus momentos más magnéticos: bajo insistente, voz contenida y una tensión casi cinematográfica que envolvía todo el recinto.
El tramo final se abrió con Silencio (Gala, 1987), una pieza que pareció detener el tiempo dentro de la sala, reduciendo todo a una sensación de suspensión emocional compartida.



Y como cierre, Matando Sueños (Gala, 1987) —retomado en forma de eco final dentro del imaginario del set— dejó la sensación de que el concierto no había sido solo una sucesión de canciones, sino un bucle, un retorno constante a un mismo punto de origen.
Euroshima no necesitó artificios para demostrar su vigencia. Lo que en Gala (1987) ya era una declaración estética se mantiene hoy como una arquitectura emocional intacta. Y lo que en Desolación (2024) podría haber sido un ejercicio de nostalgia tardía, aquí se impone como una extensión natural de su lenguaje.
En el Barna Dark Fest, la banda no solo regresó: confirmó que su oscuridad nunca se fue.





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