“Foster the People en Razzmatazz: psicodelia, honestidad y euforia colectiva”
- contactoconmdemiri
- 31 jul 2025
- 6 Min. de lectura

En un panorama donde muchos artistas parecen obsesionados con la viralidad y las métricas vacías, Foster the People elige otro camino: el del directo auténtico. Sin aspavientos promocionales ni campañas millonarias, la banda estadounidense ha llenado escenarios españoles con algo mucho más poderoso que el ruido digital: música que conecta. En vivo. Con el público. Y eso, en 2025, es casi revolucionario.
Gordi: una apertura delicada y profunda
La noche comenzó con una grata sorpresa: Gordi, la cantante australiana —nombre artístico de Sophie Payten—, fue la encargada de abrir el concierto. Armada con una sinceridad desarmante, una voz profunda y texturas electrónicas que rozan lo etéreo, Gordi desplegó un set corto pero impecable, que dejó al público en un silencio atento y respetuoso. Algo poco común para un telonero, y señal de que lo que ocurría en el escenario era auténtico.
Su setlist fue una pequeña joya de intimidad: "Alien Cowboy", con su atmósfera espacial y sensibilidad melancólica, marcó el tono; le siguieron "Cutting Room" y "Lunch at Dune", donde la mezcla de folk digital y arreglos minimalistas puso en primer plano su capacidad para crear paisajes emocionales.
En "Way I Go", interpretada sola en el escenario, se vivió uno de los momentos más íntimos de la noche: su voz, apenas acompañada por teclas suaves, se elevó con una honestidad que caló hondo.
Luego llegaron "Extraordinary Life", una especie de oda luminosa al simple hecho de estar vivo, y "Peripheral Lover", que cerró su actuación con una elegancia contenida pero poderosa.
Más allá del repertorio, lo que impresionó fue su presencia escénica: sin grandes artificios, con movimientos medidos y una conexión genuina con la audiencia, Gordi demostró que no necesita nada más que su voz, su sensibilidad y su talento para llenar el espacio.
Y por eso merece ser descubierta, escuchada y celebrada mucho más allá de este concierto.
Fue una introducción perfecta para lo que vendría después: un concierto que se movía entre la introspección y el estallido.

Foster The People: Entre luces psicodélicas y conexión emocional

Foster the People no sólo ha regresado a Barcelona, después de 8 años con su Paradise State Of Mind Tour y ha reafirmado su lugar en la cima del directo alternativo.
La Sala 1 de Razzmatazz, repleta hasta los márgenes, fue testigo de uno de los conciertos más contundentes del verano barcelonés.
Resulta curioso —y algo incomprensible— cómo una banda que ha llenado un tercio de su gira europea solo en España ha pasado casi de puntillas por los medios. Ni rastro de promoción masiva, apenas eco digital… y, sin embargo, aquí estaban: vibrantes, viscerales y con una escenografía cargada de neones psicodélicos, proyecciones caleidoscópicas y una energía magnética que cruzó el escenario de lado a lado.
Mientras otros artistas se apoyan en campañas virales y estrategias de visibilidad, Foster The People ha optado por dejar que su música hable en directo.
Lo curioso es que, pese a haber incluido a España como uno de los pilares de su gira europea —con paradas en el Mad Cool Festival, la sala Pelícano de A Coruña, Razzmatazz en Barcelona y el FIB de Benicàssim—, la cobertura mediática ha sido sorprendentemente escasa.
No hay titulares rimbombantes ni trending topics, pero sí salas llenas y un público entregado. Tal vez sea esa misma discreción la que refuerza su autenticidad: una banda que no necesita ruido para hacer temblar el escenario. Y en tiempos de sobreexposición, eso es casi un acto de resistencia.
Lo más sorprendente, sin embargo, era que entre ese público vibrante se entremezclaban acentos británicos, alemanes y de otros rincones de Europa: fans que cruzaron fronteras solo para verles.
Como si Barcelona se hubiese convertido, por una noche, en epicentro de una devoción silenciosa pero poderosa. Una comunidad itinerante que sigue a Foster The People no por moda, sino por esa conexión genuina que su música despierta.
Una nueva era: Paradise State of Mind en directo

El arranque fue una declaración de intenciones: Feed Me, cuyo videoclip presenta a Mark Foster y a su esposa, la actriz Julia Garner, interpretándose a sí mismos en una narrativa surrealista y emocionalmente cargada y Lost in Space, que son dos de los temas de su nuevo trabajo Paradise State of Mind, publicado el 16 de agosto de 2024, donde nos invitan a un viaje sonoro que combina nostalgia, introspección y puro placer auditivo.
El álbum, impregnado de influencias del disco setentero y el New Wave ochentero, logra un equilibrio brillante entre lo melancólico y lo luminoso. abrieron el concierto con una fuerza casi eléctrica.
Foster apuestan por la renovación, pero sin perder sus raíces: sintetizadores brillantes, bases rítmicas potentes y letras que flotan entre la melancolía y la euforia.
Tras el poderoso inicio, Helena Beat y Glitchzig marcaron el regreso a sonidos más reconocibles para el público, con ese caos controlado que caracteriza el estilo de la banda. Glitchzig, especialmente, mostró una faceta más experimental, en donde la banda jugó con distorsiones y capas vocales que llenaron la sala de tensión y sorpresa.
Nevermind y Coming of Age ofrecieron un contraste: la primera, más introspectiva, permitió un breve respiro emocional; la segunda, al contrario, se convirtió en un grito juvenil sobre la transición a la madurez. El público reaccionó con entusiasmo, coreando cada verso como si se tratara de una confesión generacional.

Miss You fue uno de los momentos más melódicos del show, con ese ritmo entre lo sensual y lo nostálgico que puso a todos a bailar sin abandonar cierta introspección. Houdini, en cambio, volvió a subir la temperatura del recinto: sus beats frenéticos y su letra escurridiza convirtieron a la pista en una danza colectiva, impulsada por luces estroboscópicas y una entrega total desde el escenario.
Isom Innis y la alquimia sonora del grupo
El público, entregado desde el primer beat, rugió especialmente con himnos ya asentados como Call It What You Want, Waste y Lamb’s Wool, piezas que demostraron cómo han sabido madurar su sonido sin perder frescura. Una de las joyas más celebradas de la noche fue Pseudologia Fantastica, esa mezcla perfecta de psicodelia y pop infeccioso que se convierte en trance en directo.
Temas como Don't Stop (Color on the Walls) y Lotus Eater aportaron tonos más lúdicos y enérgicos al setlist. La primera, con su vibrante ritmo, hizo saltar al público como si se tratara de un festival de verano; mientras que Lotus Eater, menos conocida pero igual de potente, mostró el lado más oscuro y provocador del repertorio.
Time to Get Closer y A Diamond to Be Born formaron una dupla inesperadamente íntima: dos temas cargados de atmósfera y texturas, donde la interpretación de Foster se volvió casi confesional. A estas alturas, el vínculo entre banda y audiencia ya estaba sellado con fuego.
Uno de los momentos más íntimos fue cuando Mark Foster, solo en escena, interpretó Fire Escape, que aunque no sonó en el setlist oficial, fue tocada en el soundcheck y rescatada como regalo para los fans más atentos. Una pausa emocional antes del gran estallido.
Sería imposible hablar del directo sin mencionar a Isom Innis. Aunque discreto en escena, su papel como multiinstrumentalista se vuelve esencial: al teclado, en la percusión o incluso con maracas, Innis dota de cuerpo, textura y dinamismo cada momento del concierto.
Su presencia no busca protagonismo, pero lo merece. Su complicidad con Mark Foster es palpable, una sincronía casi orgánica que se manifiesta en cada compás, cada transición, cada explosión sonora.

Aunque Mark Foster apenas pronuncie palabra entre canción y canción, su presencia habla por sí sola. Hay artistas que necesitan discursos para conectar; él no. En sus presentaciones en vivo, despliega una energía magnética que transforma cada canción en una experiencia colectiva. Los silencios, lejos de romper el hechizo, lo refuerzan.
Sus movimientos sobre el escenario son espontáneos, casi coreográficos, pero sin perder ni un ápice de autenticidad. No hay artificio: cada paso, cada mirada, cada gesto parece dictado por la música misma. Esa intensidad se transmite al público con una fuerza arrolladora.
Basta con verlo moverse entre luces y sombras para entender que, aunque no hable, lo dice todo.
Un cierre colectivo: himnos que trascienden


El cierre fue, como no podía ser de otra forma, por todo lo alto. Sit Next to Me encendió una euforia colectiva que culminó con el grito generacional que es Pumped Up Kicks. Una canción que ha trascendido su éxito viral y se ha convertido en himno, en catarsis, en estallido colectivo.
Foster The People siguen demostrando que no son una banda de un solo éxito ni un recuerdo de principios de década. Son una fuerza creativa en constante evolución. Y si España les ha acogido con tal intensidad en esta gira, tal vez sea porque aquí aún se valora el directo auténtico, la apuesta estética y la emoción sin filtros.
Tenía muchísimas ganas de volver a verlos en directo. Y como siempre, nunca decepcionan.
Miri





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