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Guillem Roma convierte Razzmatazz 2 en un ritual escénico sobre la vida

  • hace 2 días
  • 4 Min. de lectura

Guillem Roma lleva su “Ritual d’expropiació” a Razzmatazz 2



Dentro del Festival Empremtes, el directo de Guillem Roma en la sala Razzmatazz 2 no fue un concierto al uso, sino una experiencia que se mueve entre lo musical y lo performativo, como una obra de teatro sobre la vida contemporánea.


El concierto sirvió como presentación de su nuevo trabajo, Ritual d’expropiació (U98 Music, 2026), un disco que el propio artista define como “un ritual poético para sobrevivir en este mundo” y una apuesta por la esperanza y la transformación colectiva.


Desde la INTRO, Roma marca el camino con una declaración que atraviesa todo el espectáculo: un camino para que la vida fluya más, una plegaria política a favor de la esperanza. Una denuncia del ensimismamiento, una invitación a escuchar cuando todo el mundo habla, a conectar cuando estamos perdidos, a recuperar la lentitud en un mundo que va cada vez más rápido —rápido, rápido— y a buscar profundidad en una sociedad superficial.

Un ritual para soñar en medio del colapso.



Un mundo fragmentado: “Uno mismo”


Con “Más Velocidad = Menos Espacio” y “Uno mismo”, temas de Ritual d’expropiació, el artista pone palabras a un mundo que hemos dividido en trozos: fronteras, muros, identidades, cuerpos.


Hemos levantado tantas barreras que hemos terminado aislados, hablando constantemente de nosotros mismos. Y todo ello, además, acelerado: procesos productivos, relaciones, consumo. Todo a un clic.

Hemos hecho el mundo pequeño.Pero también poco profundo.

“A mí hay algo que no me cuadra”.


Desde ahí, el concierto se convierte en lo que él mismo propone: un ritual para desprendernos de lo propio y abrir la posibilidad de imaginar un mundo distinto.



Imaginar otros mundos posibles


Con “M’encantaria”, también de Ritual d’expropiació, el discurso se ilumina. Roma expresa el deseo de cambiar el sistema, de expropiar, incluso de expropiarse a uno mismo.

Romper los límites del yo para que la vida fluya.


Escuchar como acto revolucionario



Antes de avanzar, lanza una condición clave: para expropiarse, primero hay que escuchar.

Con “Escoltar-nos”, el concierto se detiene. Silencio, quietud, pausa. En un mundo saturado de ruido, escuchar se convierte en un acto político.


Es entonces cuando aparece Marta Roma, hermana de Guillem, sumando una nueva capa de intimidad y complicidad a ese instante suspendido.


El ritual: ser todo, ser uno



Con “Ritual”, uno de los ejes del disco, llega la dimensión más simbólica: que todo sea para todo el mundo.Expropiarnos de las cosas, de la vida, de la muerte.Serlo todo, ser solo uno.

El concierto se transforma en ceremonia.



En “Expropiar”, aparece la metáfora del espejo: para reflejar, primero hay que vaciarse.

Quedarse en calma. No retener.

Y ahí se rompe definitivamente la barrera entre escenario y público.




Cuando el escenario desaparece


En uno de los momentos más potentes del concierto, Guillem Roma baja del escenario y se adentra entre el público.

La distancia desaparece.Ya no hay artista y espectadores.

Solo hay un cuerpo colectivo.

Rodeado de gente, cantando a pocos centímetros, el ritual se vuelve real: la música como espacio compartido, sin jerarquías.


Cuerpo, tecnología y colectivo: un puente entre discos



El bloque que aparece como “Guillem Sol” despliega una parte esencial del concierto, conectando distintas etapas de su trayectoria.


Aquí aparecen “Un lloc” e “Inteligencia artificial”, temas que pertenecen a su anterior álbum, Postureo Real, y que dialogan directamente con el nuevo universo de Ritual d’expropiació.


A ellos se suma “Senyals”, completando un bloque que funciona como expansión conceptual del directo.


Este momento actúa como un puente entre discos, donde las ideas que ya estaban presentes —la identidad, la exposición, la tecnología, lo colectivo— crecen y se transforman en el nuevo relato.

La puesta en escena refuerza esta transición: lo humano y lo tecnológico conviven, el escenario se abre y el público deja de ser espectador para formar parte activa.


Mirar el mundo para entenderlo


Con “Imaginar”, el concierto vuelve a abrir posibilidades, mientras que “Equilibri”, perteneciente a su anterior trabajo Postureo Real, introduce uno de los momentos visuales más potentes, con el juego de pantallas, reflejando cómo miramos y habitamos la realidad, en un instante que trasciende el escenario cuando Guillem Roma desciende para unirse al público, rompiendo la distancia y convirtiendo la experiencia en algo compartido y cercano.



En “Sense pressa”, Roma plantea una idea clave del disco: cuando uno se ha expropiado, ya no tiene prisa.

La calma como forma de resistencia.


El amor que solo existe en directo



“Tú y yo”, incluida únicamente en el formato físico de Ritual d’expropiació y en el directo, aparece como un momento íntimo.


“El ritual se tiene que vivir en directo”.

Hay cosas que no pueden grabarse, solo sentirse.


En “Que bien se está”, Guillem convierte lo cotidiano en ritual. Habla de hacer sagrado lo colectivo —la música, el cariño— y lo materializa invitando a una persona del público al escenario "Jaime".

Un gesto que refuerza la comunidad.



Con “NSQMT” (No sabia que m'enamoraria tant) el mensaje se expande: que el amor se propague, que detenga las bombas.

El amor como acto político.



El final: “Amor, amor, amor”



El cierre llega con “Amor, amor, amor”, culminación de Ritual d’expropiació. Un mensaje claro: dejar de competir, aprender a compartir. Dejar atrás los límites. Aprender a querernos.


La letra —casi como un manifiesto— plantea una idea sencilla pero poderosa: el amor no se agota cuando se reparte, se multiplica. Y en directo, esa idea deja de ser concepto para convertirse en experiencia.


Guillem Roma no interpreta la canción desde la distancia, sino desde la cercanía más absoluta. Mira, sonríe, señala, escucha. Hay algo profundamente humano en su manera de habitar el escenario: no se impone, acompaña. Y eso hace que el público no solo escuche, sino que responda.


En ese momento final, ya no hay discurso ni teoría. Solo una sensación compartida: la de estar dentro de algo que nos incluye a todos.


No es solo un cierre. Es una apertura.



Un ritual que continúa


El directo de Guillem Roma en Barcelona no fue solo un concierto, sino la materialización de un universo artístico.


Un espectáculo donde música, pensamiento y emoción se entrelazan para proponer algo más que canciones: una forma de estar en el mundo.

Porque el ritual no termina cuando acaba el concierto.Empieza ahí.


Miri

Prensa en Love Is Indie Air

Creadora de Con M de Miri

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