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MINIVER convierte Barcelona en una noche de amistad, nostalgia y canciones honestas

2 jun
6 min de lectura


Antes de que MINIVER subieran al escenario de la Sala Plataforma de Barcelona el pasado 29 de mayo, la noche comenzó con otra banda que también atraviesa un momento decisivo en su trayectoria. Los barceloneses IKARÛS fueron los encargados de abrir una velada marcada por la emoción, las despedidas simbólicas y la promesa de nuevos comienzos.


Mientras IKARÛS anunciaba el cierre de una etapa para dar paso a nuevas canciones y proyectos, MINIVER llegaba a Barcelona presentando Sinariadna, un trabajo que refleja las dudas, los desafíos y la perseverancia necesarias para seguir adelante.


Dos momentos distintos unidos por una misma idea: la de hacer música desde la honestidad.


IKARÛS abre la noche en Sala Plataforma con la mirada puesta en una nueva etapa



La banda, formada por cuatro amigos que comenzaron su aventura musical en un instituto de Barcelona, volvió a demostrar por qué se ha convertido en una de las propuestas emergentes más interesantes de la escena alternativa catalana. Con una combinación de rock alternativo, indie rock y pop rock, IKARÛS desplegó un directo intenso y enérgico que conectó rápidamente con los asistentes.


Uno de los momentos más significativos del concierto llegó antes de interpretar Tu Veneno. El grupo compartió con el público que aquella sería la última actuación que realizarían bajo el formato actual del proyecto.


"Este es el último concierto que haremos en esta modalidad. El año pasado sacamos el EP y ahora viene una etapa nueva con nuevas canciones, que esperamos que dentro de poco estén fuera".


Las palabras fueron recibidas con entusiasmo por una sala que entendió que estaba asistiendo al cierre de un capítulo y al comienzo de otro para la formación barcelonesa.



Del "Camino de la Amargura" hacia el futuro


El repertorio recorrió buena parte de El Camino de la Amargura, su primer trabajo discográfico. Un EP que explora temas como la dependencia emocional, el deseo, la culpa o la necesidad de escapar, construyendo un viaje emocional que atraviesa distintas formas de afrontar el dolor.


La actuación arrancó con A Contrarreloj, seguida de Kill All My Monsters y Sound of the Wolf, tres canciones que marcaron desde el principio el carácter directo y contundente de la propuesta. Más adelante llegaron temas como Carlota, Tu Veneno, Laydown, Sangre y Bala, mostrando la variedad de matices que conviven dentro del universo sonoro de la banda.


Un homenaje a la música catalana


Entre las canciones propias también hubo espacio para un guiño especial a la escena local con una versión de La República de la Tramuntana de Macaco, el único tema ajeno incluido en el repertorio de la noche. Una interpretación que sirvió para reforzar el vínculo entre la banda y el público de su ciudad.


Energía, juventud y ambición


Sobre el escenario, IKARÛS transmitió la sensación de estar viviendo un momento importante dentro de su trayectoria. No solo por actuar en casa, sino porque la banda se encuentra inmersa en la preparación de un nuevo trabajo de larga duración previsto para 2026.


La energía de sus cuatro integrantes, la complicidad entre ellos y la seguridad con la que defendieron cada canción dejaron claro que el grupo atraviesa una etapa de crecimiento. Una evolución que ya les ha llevado a escenarios como el FIB tras ganar el Heineken Rising Stars Contest y que continúa ampliando horizontes concierto tras concierto.


El comienzo perfecto para una gran noche



Con un público cada vez más entregado y una actuación cargada de intensidad, IKARÛS cumplió con creces su papel de abrir la velada. Más que un simple telonero, el grupo ofreció un concierto con identidad propia, dejando claro que la nueva etapa que anunciaron sobre el escenario merece ser seguida muy de cerca.


Si este concierto sirvió para despedir una etapa, también confirmó que lo más interesante de IKARÛS todavía está por llegar.


MINIVER convierte Barcelona en una noche de amistad, nostalgia y canciones honestas



Hay conciertos que destacan por su producción y otros por su precisión técnica. Y luego están aquellos que consiguen que una sala entera se sienta parte de una misma historia. Eso fue precisamente lo que ocurrió con MINIVER el pasado 29 de mayo en la Sala Plataforma de Barcelona.


La banda, formada entre Madrid y Jaén, aterrizó en la ciudad con una propuesta basada en algo cada vez más difícil de encontrar: la honestidad. Desde los primeros acordes de Que no seas tú y Richter, quedó claro que la noche iba mucho más allá de una simple sucesión de canciones.


El grupo construyó un concierto cercano, lleno de anécdotas, agradecimientos y reflexiones sobre lo que significa seguir adelante en una industria cada vez más complicada para las bandas emergentes.


Una banda de amigos sobre el escenario


Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó cuando la banda compartió con el público algunas de las circunstancias que habían rodeado el concierto durante los días previos. Lejos de esconder la emoción, aprovecharon para definirse de la manera más sincera posible:

"Siempre que me preguntan qué somos, me gusta definir la banda no como una banda de rock, sino como una banda de amigos que se quieren muchísimo".


Una frase que resumió perfectamente el espíritu que se respiró durante toda la actuación.


"Lluvia" y la importancia de encontrar el camino



Uno de los puntos álgidos del concierto llegó con Lluvia, una de las canciones más especiales de su nuevo EP Sin Ariadna. Antes de interpretarla, la banda habló abiertamente sobre las dificultades que han atravesado en los últimos años: la incertidumbre, la presión de las redes sociales, los concursos musicales y la sensación de estar perdidos dentro de una industria cada vez más exigente.


Inspirada en el mito de Teseo y Ariadna, la canción habla precisamente de encontrar un camino cuando parece que no existe salida. Durante su interpretación, la sala se iluminó con decenas de teléfonos móviles, creando una de las imágenes más emotivas de la noche.



El momento más mágico de la noche


Tras la intensidad emocional de ese momento, MINIVER decidió bajar revoluciones con un bloque acústico que incluyó fragmentos de Soda Stereo, convertida en un homenaje a todas aquellas bandas que les han inspirado en el camino. Antes de interpretarla, recordaron a los grupos que hicieron posible que hoy estuvieran sobre un escenario como el de Barcelona y, citando a Gustavo Cerati, lanzaron un sentido "gracias totales" que arrancó los aplausos de la sala.


Tampoco faltaron guiños a otras influencias fundamentales como Copenhague de Vetusta Morla, Where The Streets have No Name de U2 y Llamando a la Tierra. El grupo presentó este tramo como "el momento más mágico de la noche", y la respuesta del público confirmó que no exageraban.


La cercanía del formato permitió que cada palabra encontrara su espacio entre el silencio respetuoso de los asistentes.


Entre el humor y la nostalgia



La energía regresó rápidamente con canciones como Bad Bunny y Leones. Precisamente antes de interpretar la primera, la banda bromeó con las opiniones encontradas que siempre genera el tema:

"Hay quien nos dice que no la saquemos nunca del repertorio y otros que, por lo menos, aquí se entiende la letra".


El comentario provocó las risas de una sala completamente entregada.

Otro de los momentos más celebrados llegó cuando recuperaron una de sus primeras composiciones. Entre bromas y nostalgia, recordaron cómo las canciones parecen tener fecha de caducidad en la actualidad:

"Ahora parece que los temas caducan a las dos semanas de publicarse".


Sin embargo, defendieron con orgullo aquellas canciones escritas hace años, cuando todavía estaban descubriendo quiénes querían ser como músicos.


Tocar cada concierto como si fuera el último


Ya en la recta final, Círculos y Como si fueras a morir mañana de Leiva, con la que dijeron: "No podemos parar, hacemos esto como si fuéramos a morir mañana", elevaron nuevamente la intensidad emocional del concierto. Antes de esta última, el grupo reflexionó sobre una sensación que les acompaña desde hace tiempo: la de tocar cada concierto como si pudiera ser el último.




Una filosofía que explica la entrega absoluta que mostraron sobre el escenario durante toda la noche.

Después de una breve pausa, regresaron para encarar el desenlace definitivo con Noche Abismal y una celebración final llamada Festín. Minutos antes ya habían lanzado una invitación que terminó convirtiéndose en una declaración de intenciones para toda la velada:

"Barcelona, hagamos que esta noche sea una noche abismal".

Y lo consiguieron.


Una noche para recordar



MINIVER dejó en Barcelona algo más que un concierto. Dejó la sensación de haber compartido una historia colectiva construida a base de amistad, perseverancia y canciones honestas.


En un momento donde las cifras parecen importar más que las emociones, la banda recordó que la música sigue teniendo sentido cuando es capaz de reunir a desconocidos alrededor de las mismas canciones y hacerles sentir, aunque solo sea por unas horas, que forman parte de algo especial.

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