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Stu Larsen convierte la soledad en un lugar de encuentro en Barcelona

hace 15 minutos
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El cantautor australiano presentó su álbum «Solitude» en una noche de confidencias, canciones y emociones compartidas en la sala Golem’S, acompañado por Tim Hart, mucho más que un artista invitado.


Una guitarra, una voz sincera y alguien dispuesto a compartir sus historias pueden ser suficientes para que la música encuentre su verdadero sentido. Así lo demostró Stu Larsen en Barcelona, en una noche en la que las canciones fueron mucho más que melodías: se convirtieron en recuerdos, confidencias y emociones compartidas.


El pasado jueves 22 de octubre, Stu Larsen regresó a Barcelona con su gira The Solitude Tour, una propuesta que invita a detenerse, desconectar del ruido cotidiano y reencontrarse con uno mismo. Y qué curioso resulta que un disco nacido de la soledad termine reuniendo a tantas personas en un mismo espacio.


La sala Golem’S acogió una de esas veladas en las que la distancia entre el artista y el público prácticamente desaparece. Una noche en la que hubo música, naturalmente, pero también recuerdos, reflexiones, anécdotas y muchas sonrisas.


GOLEM’S: Un rincón emblemático de Barcelona donde la música se siente de cerca


Concierto de Stu Larsen en Golem's Barcelona
Concierto de Stu Larsen en Golem's Barcelona

Hay salas que tienen algo especial. Golem’S es una de ellas. Un espacio con personalidad, acogedor y con ese encanto que conservan los lugares donde todavía se puede disfrutar de la música sin prisas.


Su distribución, con mesas y sillas frente al escenario, permitía vivir el concierto de una manera relajada, casi como si estuviéramos en el salón de casa escuchando a dos amigos tocar sus canciones.

El ambiente fue especialmente internacional, con una notable presencia de público extranjero que aportó a la velada ese carácter cosmopolita tan propio de Barcelona. Personas de diferentes procedencias reunidas por una misma razón: escuchar a un músico australiano que lleva casi dos décadas recorriendo el mundo.


Y es precisamente ahí donde reside una de las grandes virtudes de la música: no importa de dónde vengamos ni qué idioma hablemos. Cuando una canción consigue emocionarnos, las fronteras dejan de tener sentido.

La cercanía del escenario, la iluminación cálida y el carácter íntimo del recinto hicieron el resto. Golem’S resultó ser el escenario perfecto para una propuesta como la de Stu Larsen.


TIM HART: Mucho más que un telonero, una voz con identidad propia



Antes de que Stu Larsen subiera al escenario, Tim Hart fue el encargado de abrir la velada. Y aunque figuraba como artista invitado, su trayectoria merece mucho más que una simple presentación.

El músico australiano es uno de los integrantes fundadores de Boy & Bear, una reconocida formación de indie folk con la que ha conseguido importantes reconocimientos, entre ellos cinco premios ARIA, unos de los galardones musicales más prestigiosos de Australia.

Además de batería, cantante y compositor, Hart desarrolla una interesante carrera en solitario en la que explora una faceta mucho más íntima y personal.


Su discografía incluye trabajos como Milling the Wind (2012), The Narrow Corner (2018) y Winning Hand (2021), además de propuestas más recientes como The Kingdom by the Sea y Parasol.

Este 2026 ha sumado un nuevo capítulo a su trayectoria con Breathe, un EP publicado el pasado 3 de septiembre, integrado por cinco composiciones: «Breathe», «Millionaire», «Caroline», «My Current Claim» y «Careless Whisper».

Un lanzamiento que demuestra que Hart continúa alimentando su faceta como compositor, más allá de su trabajo con Boy & Bear.


Durante su actuación en Barcelona también hubo espacio para «All in All», una canción perteneciente a The Narrow Corner, que permite acercarse a su sensibilidad como narrador de historias.

Pero su relación con Stu Larsen va mucho más allá de compartir escenario. Hart también ha trabajado como productor en proyectos del cantautor, entre ellos Marigold y Songs I Wrote.


La relación entre ambos músicos viene de lejos. De hecho, Stu Larsen llegó a trabajar como conductor durante una de las giras de Boy & Bear, la banda de Tim Hart, una curiosa anécdota que demuestra hasta dónde se remonta su amistad.


En 2017, ambos australianos ya compartieron escenarios durante una gira por España, conquistando al público con una propuesta acústica sin artificios, en la que destacaban la sensibilidad de sus interpretaciones, las armonías de sus voces y guitarras y la cercanía con los asistentes.


Nueve años después, volvieron a encontrarse sobre un escenario en Barcelona, conservando esa complicidad que solo se construye con el paso del tiempo y las experiencias compartidas.

Y quizá lo más bonito es comprobar que la esencia sigue siendo la misma: dos músicos, sus guitarras y esa capacidad tan especial de emocionar desde la sencillez.


STU LARSEN: Doce meses, doce lugares y doce canciones


Stu Larsen en Golem's Barcelona
Stu Larsen en Golem's Barcelona

La llegada de Stu Larsen al escenario dio paso a un viaje que iba mucho más allá de la música.

El australiano lleva casi veinte años viviendo sin un hogar fijo, recorriendo países, descubriendo lugares y transformando sus experiencias en canciones. Una forma de vida que para muchos podría resultar impensable, pero que él ha convertido en parte esencial de su identidad.


Con Solitude, su cuarto álbum de larga duración, decidió ir todavía más lejos.

Durante 2024 se propuso pasar cada mes en un lugar diferente del planeta, alejarse del ruido y componer una canción en cada destino. Doce meses, doce lugares y doce composiciones nacidas de la necesidad de estar consigo mismo.


Desde Nueva Zelanda hasta la Patagonia argentina, pasando por Australia, Indonesia, Escocia, Austria o Italia, Stu fue construyendo un disco que habla de la soledad, pero también de las relaciones, los recuerdos, las dudas y la aceptación de la propia vida.

Y lo más interesante es que no entiende la soledad como un castigo, sino como una oportunidad para escucharse.

Vivimos tan pendientes de lo que sucede fuera que muchas veces olvidamos prestar atención a lo que ocurre dentro de nosotros. Quizá por eso su propuesta resulta tan necesaria.


«MISTY MORNING» Y «I’LL BE YOUR HALLELUJAH»:

Canciones que nacen de la vulnerabilidad



Entre las composiciones que sonaron durante la noche estuvo «Misty Morning», la canción que abre Solitude y que nació en enero de 2024, en una pequeña casa rodeada de montañas y junto a un río en Nueva Zelanda.


Su origen está relacionado con una historia sentimental que parecía tener futuro, pero que terminó antes de convertirse en aquello que Stu había imaginado.

Porque a veces no sufrimos únicamente por lo que hemos perdido, sino también por todo aquello que nunca llegó a suceder.


Otro de los temas interpretados fue «I’ll Be Your Hallelujah», una de las composiciones más extensas del disco, con casi siete minutos de duración. Una canción que crece desde la intimidad del piano hasta alcanzar una dimensión coral y que demuestra la capacidad del australiano para transmitir emociones sin necesidad de artificios.


En su música hay espacio para la tristeza, pero también para la esperanza. Y esa combinación es precisamente lo que hace que sus canciones resulten tan humanas.


«OTHER SIDE»: Cuando los recuerdos regresan sin pedir permiso



Uno de los momentos más interesantes llegó con «Other Side», una de las canciones más animadas de su nuevo trabajo, aunque detrás de ella se esconde una historia mucho más compleja.

Stu explicó que, cuando comenzó el proyecto en enero, pasó varias semanas intentando comprender qué estaba haciendo y por qué se había embarcado en aquella aventura.


No fue hasta julio cuando sintió que había encontrado su propio ritmo.

Durante ese mes, mientras reflexionaba sobre su pasado y su futuro, apareció inesperadamente un recuerdo lejano que intentó apartar de su mente. Incluso quiso escribir una canción alegre, pero no consiguió escapar de aquella emoción.


Así nació «The Other Side», uno de sus temas favoritos del álbum.

Y es curioso cómo funciona la memoria. Podemos viajar miles de kilómetros, cambiar de paisaje y alejarnos de todo lo conocido, pero hay recuerdos que siguen viajando con nosotros.


Humor, improvisación y una complicidad muy especial con el público


Si algo caracterizó el concierto fue la naturalidad de Stu Larsen.

Lejos de limitarse a interpretar sus canciones, el músico convirtió sus intervenciones en pequeñas conversaciones con los asistentes.


Bromeó sobre la posibilidad de estrenar algunas composiciones en directo sin saber muy bien cómo saldrían, e incluso se animó a recuperar el ukelele después de llevar tiempo sin tocarlo, advirtiendo que quizá estuviera algo desafinado.

También recordó una situación especialmente divertida: durante un concierto había olvidado la letra de una canción y alguien del público tuvo que buscarla rápidamente en Google para ayudarle.


Esa espontaneidad se hizo todavía más evidente con «Whisky & Blankets», cuando improvisó a partir de las palabras y propuestas que le iban lanzando los asistentes.

Son esos momentos inesperados los que hacen que un concierto sea irrepetible. Porque una canción puede escucharse cientos de veces en una plataforma digital, pero lo que sucede entre el artista y su público pertenece únicamente a quienes están allí.


«THIRTEEN SAD FAREWELLS» Y las historias que esconden las canciones


Stu también recuperó composiciones de etapas anteriores, entre ellas «Thirteen Sad Farewells», incluida en Vagabond (2014) y convertida en una de las canciones más representativas de su repertorio.


Es uno de esos temas que han acompañado al australiano durante buena parte de su trayectoria. Ya lo interpretaba en aquella gira española de 2017 junto a Tim Hart y, nueve años después, volvió a encontrar su lugar en Barcelona.


Durante sus intervenciones compartió una anécdota especialmente curiosa sobre una canción de amor que, aunque muchos podrían imaginar dedicada a una mujer, en realidad había escrito para una guitarra fabricada en Chicago en 1973.


Una buena muestra de su sentido del humor y de esa capacidad tan particular para encontrar historias en los objetos, los lugares y las experiencias cotidianas.

También hubo espacio para recordar amores no correspondidos, esas personas que nos gustan mucho, pero que no sienten lo mismo por nosotros.

Y es que las canciones de Stu tienen algo de diario personal. No necesitan grandes metáforas para hablar de sentimientos que, de una manera u otra, todos hemos experimentado.


«GOING BACK TO BOWENVILLE»: Volver a los orígenes


Otro de los momentos más personales llegó con «Going Back to Bowenville», una composición que le permitió recordar sus primeros años en Australia.

Stu habló de su infancia cerca de Goulburn y de cómo había sido un niño especialmente tímido. También recordó su adolescencia, cuando dejó los estudios a los diecisiete años y comenzó a buscar trabajo.


La canción se convirtió así en una mirada hacia atrás, hacia aquel joven que todavía estaba intentando encontrar su lugar en el mundo.

Escuchar estas historias permite comprender mejor al artista que tenemos delante. Porque antes de convertirse en ese músico nómada que ha recorrido medio planeta, también hubo un muchacho lleno de dudas, intentando descubrir qué quería hacer con su vida.


«IF I GET IT RIGHT»: Dos amigos, dos guitarras y una misma filosofía



Uno de los momentos más especiales de la noche llegó cuando Tim Hart volvió a compartir escenario con Stu Larsen para interpretar «If I Get It Right».

La canción, compuesta en septiembre de 2024 en la Toscana italiana, es una de las favoritas de Stu dentro de Solitude.


Con un sonido que se aproxima al blues-rock de los años setenta, plantea una pregunta aparentemente sencilla, pero que encierra una reflexión profunda: ¿estoy viviendo mi vida de la manera correcta?

Stu explicó que lleva casi veinte años dejándose llevar por lo que la vida pone delante de él. Sin demasiados planes, sin una residencia permanente y siguiendo un camino que nunca ha estado completamente definido.


Incluso comentó que quizá el próximo año llegue el momento de detenerse.

Verlo compartir esta canción con Tim Hart aportó un significado especial a su mensaje. Dos músicos australianos, dos guitarras y una amistad que ha sobrevivido a los años y a los kilómetros.

A veces no necesitamos tener todas las respuestas. Quizá basta con encontrar personas con las que compartir las preguntas.



«SKIN & BONE», «BY THE RIVER» Y el cariño por las canciones que nos acompañan


El repertorio también permitió recuperar «By The River», una de esas composiciones que forman parte del universo musical de Stu Larsen.

Otro momento curioso llegó con «Skin & Bone», canción del también australiano Dan Sultan por la que Stu siente un cariño especial.


Con su habitual sentido del humor, dejó claro que pensaba seguir tocándola aunque nadie se la pidiera.

Una declaración sencilla, pero que dice mucho de su manera de entender la música: hay canciones que permanecen con nosotros porque nos acompañan en determinados momentos de nuestra vida, independientemente de quién las haya escrito.


«SAN FRANCISCO»: De trabajar en un banco a recorrer el mundo


Uno de los relatos más reveladores de la noche llegó antes de interpretar «San Francisco».

Stu sorprendió a los asistentes recordando que, antes de dedicarse a la música y comenzar su vida nómada, trabajaba en un banco.


Entre risas, explicó que incluso podría enseñar una fotografía de aquella época porque muchas personas no se creerían que era él. Ni siquiera él mismo se reconoce demasiado en aquel joven.

El músico comentó que en enero se cumplirán veinte años de la canción y reflexionó sobre el significado de su estribillo, relacionado con esa sensación de no saber exactamente hacia dónde nos dirigimos.


Una incertidumbre que lo ha acompañado durante buena parte de su vida y que, lejos de paralizarlo, lo ha impulsado a seguir adelante.

Me parece especialmente bonita esa idea de que no siempre necesitamos conocer el destino para comenzar un viaje.

A veces la vida que realmente queremos empieza precisamente cuando nos atrevemos a abandonar la que creíamos que debíamos vivir.


«EDEN»: El final de un disco y de una etapa vital


Y llegó el momento de despedirse.

Antes de interpretar la última canción, Stu todavía tuvo tiempo para recomendar un libro de Tim Hart, que confesó haber leído prácticamente de un tirón pese a no considerarse un gran lector.

También bromeó con los asistentes que esperaban un bis.


«Si estáis esperando un bis, este es el bis. La canción anterior era la última», comentó entre risas.

Incluso explicó que, si alguien quería pedirle una canción para su próximo concierto, podía escribirle con al menos tres horas de antelación para que tuviera tiempo de practicarla e imprimir la letra.

Pero después del humor llegó uno de los momentos más emotivos de la velada.


Stu presentó «Eden», la composición que cierra Solitude y que escribió en la Patagonia argentina, último destino de su aventura musical.

Explicó que, al terminar aquel año, sintió que había conseguido algo realmente especial para sí mismo. No se trataba únicamente de haber compuesto doce canciones en doce lugares diferentes.

Era el final de un capítulo enorme de su vida.


La canción habla de aceptar el camino recorrido, de reconocer los errores, de valorar lo aprendido y de encontrar la paz con aquello que hemos vivido.

Una reflexión que adquiere todavía más sentido cuando procede de alguien que ha dedicado tantos años a viajar sin establecerse definitivamente en ningún lugar.


Antes de despedirse, Stu agradeció sinceramente la presencia del público barcelonés. Reconoció, con humor, que había llegado a pensar que quizá acudirían solamente cinco personas y se mostró emocionado al encontrarse con una sala tan llena.

Fue una despedida cálida, cercana y muy coherente con todo lo que habíamos vivido durante el concierto.


La soledad también puede ser un lugar bonito


Portada del álbum de Stu Larsen "Solitude"
Portada del álbum de Stu Larsen "Solitude"

Salí de esta historia musical con una reflexión que va mucho más allá de las canciones.

Vivimos en una sociedad en la que parece que siempre tenemos que estar haciendo algo, acompañados de alguien, pendientes del teléfono o buscando constantemente nuevos estímulos.

Nos cuesta detenernos. Nos cuesta estar a solas con nuestros pensamientos. Y, a veces, confundimos la soledad con la ausencia de afecto.


Pero Solitude propone una mirada diferente.

Estar solo no significa necesariamente sentirse solo. Y aprender a disfrutar de nuestra propia compañía también puede ser una forma de libertad.

Stu Larsen ha conseguido transformar esa búsqueda personal en canciones que hablan de amor, pérdidas, recuerdos, incertidumbres y reconciliación con uno mismo.


Y hacerlo en un espacio como Golem’S, ante un público mayoritariamente internacional y con Tim Hart como compañero de viaje, convirtió aquella noche en una experiencia especialmente cercana.

Porque, al final, quizá esa sea una de las mayores contradicciones y, al mismo tiempo, una de las cosas más hermosas de la música: un hombre que pasó un año buscando la soledad consiguió que una sala llena de desconocidos se sintiera un poco más acompañada.


Y para mí, ahí reside su verdadera magia.


Si todavía no habéis escuchado Solitude, os recomiendo que le deis una oportunidad. Es uno de esos discos que merecen escucharse sin prisas, prestando atención a las historias que esconden sus canciones.


Doce composiciones, doce lugares y un viaje que nos recuerda que, a veces, alejarnos del ruido es la mejor manera de volver a encontrarnos.


Os invito a descubrirlo y a dejaros acompañar por la música de Stu Larsen.



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